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ESTAR EN PAZ CON UNO
MISMO
Para
finalizar - lo último pero no lo menos importante-, déjenme hacer hincapié
en que la calidad y la actitud de los miembros de la sociedad juega un
papel muy significativo en la creación de una sociedad pacífica o
violenta.
Hemos
discutido hasta aquí la arquitectura y el diseño de los edificios
religiosos, sociales, económicos y políticos que el Islam proyecta erigir.
En lo que respecta a la naturaleza del ladrillo requerido como material de
construcción, el Islam hace un fuerte énfasis en el carácter y cualidades
del individuo.
Este es
un tema tratado con extensión a lo largo y ancho del Santo Corán. Lo que
sigue son las características esenciales que, a mi entender, el Islam
intenta inculcar a cada miembro de la sociedad.
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COMPITIENDO UNOS CON
OTROS EN BUENAS OBRAS
Según
el Islam, mediante la guía divina, los deseos y las ambiciones se impulsan
y se restringen de tal manera que se alcanza el equilibrio perfecto. Sin
tal equilibrio, es imposible lograr la paz social. El Islam promueve
aquellos deseos y ambiciones que son independientes, en su mayor parte,
del aspecto financiero de cada uno y están al alcance de cada individuo de
cualquier esfera social, sin ningún costo nominal.
La
ambición de sobresalir por encima de la media de los demás y obtener
alguna distinción, es algo natural. Sin embargo, este deseo natural de
sobresalir y elevarse sobre los demás, se vuelve dañino si se deja crecer
sin disciplina ni freno. La envidia y el juego sucio, por ejemplo, pueden
envenenar el espíritu de la libre competición hasta tal punto que la
sociedad entera comienza a sufrir, en lugar de beneficiarse de las
ventajas de un espíritu competitivo.
La
tendencia a usar drogas en el deporte no es más que un pequeño ejemplo.
Sin embargo, la competición en la industria, el negocio y el comercio en
esferas nacionales e internacionales, nos proporcionan ejemplos
extremadamente feos de ausencia de reglas de juego equitativas.
El tipo
de juego sucio difiere de los países del Tercer Mundo a las naciones más
avanzadas. En el Tercer Mundo, la corrupción, la adulteración, el abuso de
confianza, el fraude y el engaño son sólo algunos de los instrumentos
libremente empleados para conseguir rápidas ganancias económicas. Es por
esto por lo que es preciso emplear la educación religiosa y moral en todas
las esferas de la vida humana. La ausencia de esta educación puede
conducir a consecuencias calamitosas.
El
Islam nos proporciona instrucciones detalladas para cubrir todos los
campos de la conducta competitiva. Pero, por desgracia, en los mismos
países musulmanes, de donde tanto se habla de islamización y
fundamentalismo islámico, rara vez uno se topa con un intento serio de
islamizar la industria, los negocios, el comercio u otras relaciones
económicas -una tragedia de primer orden, por cierto-.
El
siguiente versículo del Santo Corán presenta la esencia de la enseñanza
islámica en este terreno:
Y cada uno tiene una meta
última hacia la que
se dirige. Os hemos fijado dicha meta. Rivalizad, pues, entre vosotros en
las buenas obras. Donde quiera que estéis, Al-lah os reunirá a todos.
Ciertamente, Al-lah tiene poder para hacer todo lo que desea. (C. 2. Al-Baqarah:
149)
En esta
breve exposición, está milagrosamente comprimida y conservada una
sabiduría ilimitada. Sirve de principio rector que abarca todo tipo de
competición y en todos los campos. La bondad debe permanecer por encima de
todo. Debe ser la última meta. Ella misma debe ser el objeto de cualquier
competición. El juego sucio y la mezquindad se han desterrado por completo
de un simple golpe.
Si el
tiempo lo permitiera, podríamos profundizar en el tema y proporcionar una
amplia ilustración de las enseñanzas islámicas, que hacen posible que todo
tipo de competición se mantenga sana, pura y correcta. Rara vez la gente
se percata de que la verdadera paz de mente y de corazón, yace en la
conciencia de que uno es bueno, y no en fabulosos logros conseguidos
mediante el uso de medios malos e ilícitos.
Este
tipo de individuos nunca están en paz con la sociedad ni consigo mismos.
Para un observador superficial presentan una fachada de grandes logros y
consecuente satisfacción, pero es más una victoria hueca que un triunfo
real.
Un
amigo íntimo de un difunto multimillonario de Pakistán, me relató en una
ocasión una sorprendente historia de una desesperación total. En una
ocasión felicitó a su amigo por su gran éxito y su triunfo. En lugar de
sentirse agradecido, la espontánea reacción del multimillonario fue
totalmente imprevista. Desabrochó
los botones de su camisa y movió su mano como si fuera a rasgar su pecho
usando las uñas como si se trataran de las garras de un animal. Exclamaba:
"¡Maldito éxito! Si alguien pudiera abrir mi pecho y mirar en su
interior, no encontraría más que un fuego ardiente".
Algunos
confiesan esta dura realidad; otros no. Nadie puede vencer a la naturaleza
humana. Uno puede tener éxito amontonando colosales fortunas y acceder a
todas las comodidades y lujos de la vida. Pero no es faltar a la verdad
afirmar que son pocos los ricos, si los hay, sinceramente felices y
contentos. Su condición se ha descrito en el Santo Corán de la siguiente
forma:
¡Ay de todo detractor, calumniador, que
amontona riqueza y la cuenta una y otra vez!. Piensa que su riqueza lo
hará inmortal. ¡No! En verdad será arrojado al tormento aplastante. ¿Y,
qué te dará a conocer qué es el tormento aplastante? Es el fuego
encendido de Al-lah, que salta sobre los corazones. Será encerrado para
ellos en columnas extendidas. (C. 104. Al-Humazah: 2-10)
Sin
embargo, la satisfacción sincera continuará evadiéndose, a menos que uno
satisfaga el arraigado impulso de la naturaleza humana de hacer el bien,
ser mejor y llevar una vida noble.
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AMOR ENTRE PARIENTES Y
AMIGOS
La
promoción del amor entre parientes y amigos para construir un sistema
familiar con sólidos vínculos, ha sido ya discutido al tratar de la paz
social. Se menciona aquí, para subrayar la necesidad de mejorar la calidad
del individuo, que lleva a cabo un papel en la sociedad similar al que
realiza un ladrillo. Sin incrementar la calidad del ladrillo, la calidad
del edificio no puede ser mejorada.
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EL SERVICIO A LOS DEMÁS
El
Islam hace énfasis en la posibilidad real de obtener una gran satisfacción
dedicándose al servicio de la humanidad; mucho más que recibiendo de los
demás. La siguiente parte de un versículo del Santo Corán expresa este
mensaje:
Sois el mejor pueblo porque os dedicáis al
servicio y habéis sido
exaltados para
el bien de la humanidad; alentáis lo bueno, prohibís la malo y creéis en
Al-lah. (C. 3. Al-Imran)
Esto
indica que a un musulmán no se le da prioridad sobre otros
arbitrariamente. Ser musulmán no implica automáticamente que él o ella es
mejor que los demás. Cada uno tiene que merecerse este título, dedicándose
al servicio de los demás, de tal forma que la corriente de favores fluya
de uno hacia los demás.
Definiendo el sentido de JAIR, que significa a la vez "mejor" y "el
mejor", el Santo Profeta (sa) dijo en una ocasión:
La mano más alta es mejor que la mano más
baja; las manos más altas dan y gastan, las manos más bajas, suplican y
reciben. (Narrado por Ibn Umar Bujari y Muslim).
En el
Santo Corán y en la Tradición del Santo Profeta (sa), se ha recalcado
tanto este aspecto que algunos Compañeros del Santo Profeta (sa), fijaron
unos estándares nuevos y elevados en este área de la excelencia humana. No
sólo estuvieron comprometidos en el servicio de los demás, si no que
siempre evitaron recibir y pedir favores a otros.
Auf
ibn Malik Ashj´ai relata:
En una ocasión, siete, ocho o nueve de nosotros nos hallábamos con el
Santo Profeta (sa), cuando nos dijo: "Haréis algún pacto con el Mensajero
de Al-lah? Hacía poco tiempo que habíamos hecho nuestro pacto con él, por
lo que le dijimos: "Hemos hecho ya nuestro pacto contigo, Mensajero de Al-lah".
El Santo Profeta (sa) repitió su pregunta y le contestamos con la misma
respuesta, añadiendo: "¿Que pacto deberíamos hacer ahora contigo?". El
dijo: "Que adoréis a Al-lah y no asociéis nada con El, que cumpláis las
cinco oraciones obligatorias, obedezcáis a Al-lah y no pidáis nunca nada a
nadie". Después me percaté de que si una rienda hubiera caído de la mano
de alguno, no se hubiera atrevido a pedir a nadie que se la devolviera" (Muslim).
El
énfasis en el servicio no constituye una simple aproximación árida y
austera, sino que se trata de un intento para refinar las actitudes
humanas e inculcar en el ser humano el gusto por valores más sofisticados.
Una vez que estos gustos refinados se desarrollan, los seres humanos
pueden ser educados para disfrutar del servicio a los demás, en lugar de
ser simples receptores de los favores y servicios del prójimo.
La
mitad de la fe consiste en el servicio a la creación de Dios.
La
consigna islámica parece indicar que todo acto de bondad es una recompensa
en sí mismo. Está fuera del ámbito de la argumentación; únicamente puede
ser experimentado.
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BUSCANDO EL AGRADO DE
DIOS
El
Islam no se queda corto en sus pretensiones de cultivar valores más
elevados en la conducta humana. El Islam crea entre sus seguidores la
conciencia de que el reconocimiento divino de todas las bondades propias
es lo que concierne y lo que debe importar. Este énfasis elimina la
necesidad de mostrar a los demás las buenas obras propias para ganar el
aplauso de los observadores. Para un verdadero creyente, es más que
suficiente que todos sus actos, sean buenos o malos, estén dentro del
conocimiento del Omnisciente Dios. Hablando de este tema, el Sagrado Corán
puntualiza:
En ese día,
la tierra referirá
sus noticias, porque tu Señor así se lo habrá ordenado. En ese día, los
hombres comparecerán diseminados para que pueda mostrárseles los
resultados de sus acciones. Entonces, quién haya hecho una buena obra
aunque sea tan pequeña e insignificante como un átomo, verá como Dios es
consciente de ello, y quién haya hecho una obra malvada tan pequeña e
insignificante como un átomo verá también que Dios es consciente de ello.
(C. 99. Al-Zilzal: 5-9)
Se
debería tener en cuenta que este es un paso importante en la dirección de
la reforma de la sociedad humana. Es la única cura efectiva de la vanidad
del hombre y de su deseo de exhibición y exposición.
En una
definición más profunda de la caridad, el Santo Profeta (sa) incluyó los
siguientes actos como merecedores de una recompensa de Dios:
"La
caridad proviene de cada parte de una persona, cada día en el que sale el
sol. Hacer justicia entre dos personas, es caridad, ayudar a una persona a
subir en su montura ó a colocar su equipaje, es caridad, quitar del camino
lo que ocasione molestias, es caridad. (Narrado por Abu Hurerah: Bujari y
Muslim).
"Si
un musulmán planta un árbol, todo lo que se coma de él, es caridad de su
parte, lo que se roba de él, es caridad y lo que se substrae de él,
igualmente es caridad". (Narrado por Jabir: Muslim)
"Protegeos contra el Fuego, aunque sea regalando la mitad de un dátil por
caridad; y si no lo tuvierais, diciendo una buena palabra". (Narrado por
Adiyy ibn Hatim: Bujari)
"Si
una persona no tuviera nada, debería trabajar con sus propias manos para
su propio beneficio y también para dar limosna. Si no puede trabajar,
debería ayudar al necesitado que esta desvalido. Y si tampoco pudiera
hacer esto, debería alentar a otros hacia la bondad. Si esto le resultara
imposible, debería disuadirse de cometer el mal. Esto es también caridad."
(Narrado por Abu Musa Ashari: Bujari y Muslim)
Incluso
un bocado de comida puesto en la boca de la propia esposa, merece el
agrado de Dios.
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UN CONSTANTE
CONOCIMIENTO DE LOS DEMÁS SERES HUMANOS
El
Islam desarrolla la sensibilidad y la consciencia ante el dolor y el
sufrimiento ajeno. Ya hemos comentado este aspecto en la sección relativa
a la paz socio-económica y política. No es necesario un nuevo comentario
adicional.
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UN ÁMBITO MÁS AMPLIO PARA AMAR
El
Islam ensancha el ámbito propio y la capacidad de amar, no sólo a nuestros
semejantes, los seres humanos, sino a la totalidad de la creación Divina.
Como el
Islam proclama ser la última religión revelada, dirigida no sólo a un
pueblo sino a toda la humanidad, sería lógico esperar, por tanto, que el
Santo Profeta (sa) fuera descrito, en consecuencia, como una fuente de luz
y bendiciones para toda la humanidad. Sin embargo, uno se sorprende al
leer, en cambio, que el Santo Profeta (sa), es descrito en el Santo Corán
como:
Una bendición para el universo entero. (C. 21. Al-Anbiya´: 108)
La
palabra "ALAM" en árabe significa el mundo o la totalidad del mundo. Sin
embargo, la palabra usada aquí es "AL-ALAMIN" que es el plural de Alam
(la totalidad de los mundos). Como tal, lo hemos traducido como el
universo entero.
Un
escéptico puede no estar convencido de la validez de tan alto título. Pero
un entendimiento más profundo de su relación con el oficio de profetázgo
universal, que sin duda poseía el Santo Profeta (sa), puede revelarnos la
sabiduría del título bendición para el universo entero.
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EL OBJETO DE LA
CREACIÓN DEL HOMBRE
Según
el concepto coránico de la creación, la idea de la creación de un sólo
universo inanimado, no hubiera servido para otro propósito que el de
constituir -Dios nos perdone- un acto fútil por parte del Creador. Quién
conocería y quién compartiría el conocimiento con el Creador de la
existencia de las cosas? Sería equivalente a la creación de algo sin
sentido.
El
propósito de la creación fue crear una conciencia, para, en última
instancia, mejorar, ampliar y elevar la calidad de tal conciencia hacia el
objetivo final de la creación.
No es
un objetivo simple, y necesitaría una completa exposición aparte, que
quedaría fuera del ámbito de la alocución de hoy. La parte relevante, por
hacerla simple, consiste en que el último propósito de la creación, era
crear un ser consciente del más alto nivel, que no sólo se sometería
voluntariamente a la más sublime belleza Divina -reflejada directamente en
Su creación-, sino que también dirigiría a la creación más elevada (es
decir, la humanidad) hacia la última meta de su creación, o al menos, lo
haría posible a aquellos que desearan seguirLe.
Suprimamos hipotéticamente, por un momento, el último objetivo de la
creación: la entera razón de ser de la creación y del mantenimiento de
este universo se colapsarían de súbito.
En un
ejemplo simplificado, la razón de plantar una semilla y alimentar, regar,
podar y mantener un árbol frutal, es la fruta misma. Si no hubiera fruta,
no habría árbol. Todo el esfuerzo de la plantación, la alimentación y el
mantenimiento del árbol frutal sin el concepto de la fruta como producto
final, sería algo vano y sin sentido. Como tal, todo el árbol frutal,
incluyendo sus raíces, su tronco, sus tallos, sus ramas, sus hojas y sus
brotes, están al servicio de la fruta. Aún anticipándose en el tiempo,
todas las partes del árbol se dedican a su último propósito. Es la
beneficencia del propósito lo que crea el propio instrumento de la
creación.
A la
luz de esta relación entre el objeto supremo de la creación y el resto del
universo, cuando se estudian las enseñanzas del Islam, uno se sorprende al
darse cuenta de que el Islam no sólo abarca la relación entre el hombre y
Dios y Dios y el hombre, sino también las relaciones del hombre con el
reino animal y el mundo inanimado que le rodea.
Todo
cuanto existe se vuelve sagrado, no por su superioridad respecto al
hombre, sino porque ha sido creado específicamente por el Señor de la
creación para el mismo hombre, directa o indirectamente. Nada de cuanto
existe en el universo carece ya de sentido por más tiempo, o distante o
separado. Incluso las estrellas más lejanas, adquieren un sentido y un
lugar en el proyecto de la creación humana. Esto es lo que repetidamente
se expone en el Santo Corán desde diferentes ángulos, siendo los
siguientes algunos ejemplos:
Llamamos como testigo al sol y su brillo, y a la luna
cuando lo sigue. Y al día cuando revela su gloria. Y a la noche cuando
extiende su manto sobre él, y a los cielos y
al propósito de su
creación, y a la tierra y al propósito de su creación, y a la tierra y al
propósito de su extensión, y el alma y su proporción perfecta. El le
reveló lo que es malo y lo que es justo para él de todas las cosas. En
verdad, prospera quién lo purifica; más quién lo suprime, queda
arruinado.(C. 91. Al-Shams: 2-11)
El os ha sometido cuanto hay en los cielos
y cuanto hay en la tierra; todo esto procede de El. Aquí hay en verdad
Signos para un pueblo que reflexione." (C. 45. Al-Llaziyah: 14)
Y sometió a vuestro servicio la noche y el
día, el sol y la luna; las estrellas
también fueron
puestas a vuestro servicio por Su orden. En verdad, aquí hay Signos para
las gentes que utilizan la razón. (C. 16. Al-Nahl: 13)
No habéis visto que Al-lah ha sometido a
vuestro servicio todo lo que hay en los cielos y todo lo que hay en la
tierra, y os dado Sus favores, tanto exterior como interiormente? Entre
los hombres, los hay que disputan en relación con Al-lah, sin conocimiento
ni guía y sin
la autoridad de un
Libro lúcido. (C. 31. Al-Luqman: 21)
En verdad, hemos creado al hombre de la
mejor manera. (C. 95. Al-Tin: 5)
Muchos
otros versículos e incluso pequeños capítulos del Santo Corán, están
dedicados enteramente a este aspecto, explicando que el hombre es un
micro-universo que ha recibido la influencia de todas las formas de la
creación. Incluso la estrella más remota, ha contribuido a este
micro-universo del hombre.
Pero
esta relación no es la de un siervo hacia su dueño, sino la del dueño
hacia su siervo. Los dueños no se inclinan y se postran ante quienes les
sirven. El hombre, por lo tanto, se erige como el dueño de todo el
universo y el siervo de sólo Aquel que es Único, Señor y Creador del
universo.
Qué
diferente es esta filosofía de la de otras muchas religiones, que no sólo
enseñan la idolatría sino también la adoración de la naturaleza en
distintas formas! En sus filosofías, la luna, las estrellas, el sol, los
océanos, los árboles, la lluvia, los relámpagos, las tormentas o incluso
animales tales como las vacas, las serpientes o los pájaros, todos ellos
aparecen, de algún modo, superiores al hombre. Al hombre se le enseña a
adorarles como dioses, a causa de alguna superioridad que en algunos
aspectos poseen sobre él. En definitiva, se coloca al hombre en el plano
más inferior y se le hace servidor de todo aquello que fue creado
únicamente para servirle.
Según
la interpretación islámica del esquema de valores, el hombre es el dueño,
por así decirlo, de toda la creación. Por tanto, el hombre tiene la mayor
deuda con su Creador, porque es quién más se ha beneficiado de la creación
de Dios, que ha sometido todo al servicio del hombre.
En
otras palabras, el hombre se emancipa de toda esclavitud al aceptar
únicamente una servidumbre: la que debe a su Creador. El hombre es la
personificación y el símbolo de la conciencia y el conocimiento del
universo entero. Cuando se inclina y postra ante su Creador, el cosmos
entero se inclina y postra con él. Cuando vuelve hacia su Creador, el
universo entero vuelve, digámoslo así, a su Creador.
Este
conocimiento último y amoldar la vida propia para alcanzar este objetivo,
es, según el Islam, la paz definitiva.
Una
frase del Santo Corán, repetida con frecuencia por los musulmanes, resume
esta filosofía en pocas palabras:
En verdad a Al-lah pertenecemos y a El
volveremos. (C. 2: Al-Baqarah: 157)
Pocos
entienden que aquí el significado de "volver" no es físico sino
espiritual. No se trata de una simple afirmación sino de un recordatorio
del propósito de la creación del hombre. Al igual que el salmón no halla
la paz hasta que retorna a su lugar de origen -su terreno de desove-, el
corazón humano no puede encontrar la paz sin retornar espiritualmente a la
fuente de su creación. Este es el significado del versículo:
Quienes creen y cuyos corazones hallan
sosiego en el recuerdo de Al-lah. ¡Ay!
Sólo en el recuerdo
de Al-lah es en lo que los corazones pueden hallar sosiego...... (C. 13.
Al-Rad: 29.)
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SIN DIOS, NO PUEDE
HABER PAZ
El
hombre no puede vivir en paz consigo mismo, ni se puede garantizar la paz
a la sociedad sin esta fórmula: ninguna otra fórmula funciona. Sólo el
amor a Dios puede dar lugar a un verdadero respeto a Su creación. Cuanto
más alto es el orden de la creación, más se acerca al Creador, y más se
refuerza el vínculo entre el Creador y lo creado.
El
hombre comienza a respetar a los demás hombres por un objetivo más elevado
y más noble: el respeto y la obligación debidos a Su Creador hace que el
hombre respete a la humanidad. Se puede afirmar, que, en esencia, es el
amor de Dios el que se transforma en el amor por Su creación. Eliminemos
hipotéticamente a Dios del escenario por un momento, y veremos, como de
repente, las relaciones humanas adquieren una perspectiva completamente
distinta.
El
vacío creado por la no-existencia de Dios, se rellena bruscamente con el
ego humano. La filosofía de que el hombre puede vivir sin Dios es muy
ingenua y extremadamente ignorante. Lo que el ateísmo al final consigue,
no es matar a un Dios, sino que, de golpe, da vida a una miríada de
dioses. Cada ser vivo consciente adquiere, de repente, el papel de un dios
por sí mismo. El ego, el individualismo y la dedicación exclusiva a los
propios fines, crecen con plena fuerza y poder.
Las
sociedades construidas con estos individuos como ladrillos, siempre son
sociedades egoístas y orientadas hacia sí mismas. No hay lógica para
mostrarse beneficioso hacia los demás, sin que haya alguna motivación
oculta. No queda un punto de referencia externa en la forma de un Dios
Benefactor, que es el Único punto de enlace y encuentro de todas las
formas de creación.
Este es
la esencia última de la filosofía Islámica. Sin volver hacia Dios, no
podemos alcanzar la paz, y sin esta paz, no se puede edificar una sociedad
pacífica. Todos los esfuerzos humanos para crear la paz a partir de
motivaciones egoístas y ocultas están destinados a fracasar y a no
conducir a ninguna parte.
Si no
hay Dios, no hay paz. Esta es la verdadera sabiduría.
(Del Libro "Respuesta del Islam a los problemas actuales)
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